La tuberculosis

La tuberculosis es una enfermedad contagiosa causada por las bacterias Mycobacterium tuberculosis. Estas bacterias suelen afectar principalmente a los pulmones, aunque también pueden atacar al sistema nervioso central, sistema linfático, sistema circulatorio, el aparato digestivo, los huesos, las articulaciones, los órganos e incluso la piel. La TB es una enfermedad que se puede prevenir y si detecta a tiempo puede curarse. Sin embargo, si no se trata a, la tuberculosis puede causar la muerte.

Síntomas y contagio

Los síntomas más frecuentes son una tos intensa, en ocasiones, con sangre; fiebre; sudores nocturnos; dolor de pecho; debilidad y cansancio; pérdida de apetito y pérdida de peso; y escalofríos. Dependiendo de estos síntomas son pulmonares o extrapulmonares, podemos distinguir muchos tipos de tuberculosis: neumonía tuberculosa, pleuritis tuberculosa, tuberculosis meníngea, tuberculosis oftálmica, tuberculosis cardiovascular, tuberculosis del sistema nervioso central, tuberculosis genitourinaria, tuberculosis gangliolar, tuberculosis osteoarticular o tuberculosis miliar.

Cabe destacar que no todas las personas infectadas por las bacterias de la tuberculosis llegan a enfermar, de manera que podemos distinguir entre tuberculosis latente y la enfermedad de tuberculosis. La infección de tuberculosis latente es aquella que no se llega a desarrollar porque el cuerpo de la persona impide la multiplicación de las bacterias, por lo que estas personas no sienten ningún tipo de molestia y no contagiarán a otras. No obstante, puede llegar un momento en el que las bacterias se activen y se reproduzcan, desarrollándose la enfermedad.

De esta forma, podemos afirmar que la tuberculosis sólo se transmite a través de personas con la enfermedad ya activa. El contagio por tuberculosis se puede producir por vía aérea, cuando las personas infectadas tosen, estornudan, escupen, hablan, cantan,… También puede transmitirse si tomamos leche no higienizada procedente de vacas infectadas con Mycobacterium bovis.

Prevención y curación

Podemos combatir la cadena de transmisión aislando al enfermo de tuberculosis durante unas dos semanas y empezando el tratamiento de forma inmediata. Al finalizar este tratamiento, los pacientes habrán dejado de ser susceptibles de contagiar a otras personas.

Debemos tener especial cuidado si padecemos el virus del sida, si tenemos problemas de salud como la diabetes, si consumimos alcohol u otro tipo de droga habitualmente, o sufrimos tuberculosis en el pasado, porque en estos casos nuestra probabilidad de contagio es mucho mayor.

Por último, es importante resaltar que existen ciertos comportamientos que no implican un contagio de la enfermedad. Estos son, entre otros, dar la mano, compartir la comida o la bebida, besar, compartir el cepillo de dientes o tocar la ropa de cama o el inodoro que use la persona enferma.




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