Tratamiento para la tuberculosis

El nombre de Tuberculosis hace referencia a la enfermedad de origen infeccioso llamada antiguamente Tisis. Ésta es una patología altamente contagiosa que se inicia en los pulmones, pero que puede generalizarse al resto de órganos, articulaciones, huesos, etc.

La bacteria culpable de esta infección es la Mycobacterium tuberculosis.

Cuando hablamos de tuberculosis pulmonar (la más común de todas), los principales síntomas son la tos insistente, los procesos febriles, la fatiga o la sudoración.

Antes de iniciar la fase de tratamiento, será necesario realizar una radiografía de tórax o una broncoscopia que nos ofrecerán un diagnóstico preciso.

El tratamiento de esta grave infección está basado en una combinación de medicamentos que luchen eficazmente contra la bacteria Mycobacterium tuberculosis, promotora de la enfermedad.

Radiografía tuberculosis

Los principales medicamentos que los médicos están utilizando los últimos años son el Etambutol, la Etionamida, la Isoniacida, el Ácido paraaminosalicílico, la Estreptomicina o la Rifampina.

Los tratamientos para la tuberculosis suelen ser largos y pueden incluso llegar a superar los 8 meses de duración.

Las expectativas de curación suelen ser buenas, e incluso, pasados los primeros 15 días el paciente experimenta una mejoría notoria. El médico realizará radiografías de tórax para confirmar dicha mejoría y si no es así, reforzar el tratamiento inicial.

Es una enfermedad a la que le debemos dar la importancia debida ya que sin tratamiento puede ser altamente mortal.

Además, existen posibles complicaciones que dificulten la curación del enfermo: un daño pulmonar crónico, complicaciones hepáticas o del corazón, sarpullido o cambios en la vista son los efectos secundarios más generalizados. Por todos estos posibles problemas de carácter secundario, pero no por ello, menos importante, el médico deberá realizar un estricto seguimiento del paciente para identificar estas complicaciones y erradicarlas, en la medida de lo posible.

Hemos de recalcar que la prevención es fundamental en estos casos. Llevar una vida sana, tener unos buenos hábitos de higiene personal y limpieza en la casa, diagnosticar de forma óptima a los enfermos de tuberculosis y establecer una cierta distancia a las mucosas de los infectados para frenar un posible contagio, serán normas fundamentales para prevenir la enfermedad.




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