La tos ferina

La tos ferina o tos convulsiva es una infección de tipo respiratorio provocada por la bacteria Bordetella pertussis. Como su propio nombre sugiere, la tos ferina es una enfermedad que se caracteriza por una tos muy intensa y continua, que produce un sonido muy particular.

La tos ferina es una condición muy contagiosa que afecta normalmente a niños y adolescentes, con lo que es importante que, una vez diagnosticada, se comunique en el colegio o en el entorno próximo del niño. Además, esta enfermedad puede aparecer en bebés, siendo los menores de seis meses los casos más difíciles, pudiendo acabar en fallecimiento. No obstante, también puede darse en adultos y en ancianos.

La bacteria causante, la Bordetella pertussis, se transmite por vía aérea, normalmente de persona a persona, mediante los llamados aerosoles nasofaríngeos o gotas de saliva que se emiten al toser. Y es que el contacto con un enfermo de tos ferina puede suponer un contagio en más del 90% de los casos. Los momentos de la enfermedad en los que hay más riesgo de transmisión son en la etapa inicial, entre la primera y la tercera semana de la infección. A continuación describimos las fases de la enfermedad.

Fases

Fase inicial o catarral: aparece transcurridos entre siete y diez días tras haberse expuesto a la enfermedad. Los síntomas son parecidos a los de un catarro: estornudos, tos (primero nocturna y luego más continua), ronquidos, lagrimeo o falta de apetito

Fase paroxística: el enfermo se encuentra en esta etapa transcurridos 14 días después de la exposición a la tos ferina. En esta fase la tos es más intensa y continua, habiendo momentos en los que no se puede parar de toser. Además, debido a esta tos continua, finalizado el ataque de tos, el paciente ha de respirar forzadamente por la falta de aire que esto le ha provocado. El aire inhalando produce un sonido agudo muy característico, al haber cubierto las bacterias la vía aérea del paciente.

Fase de convalecencia: durante esta etapa, normalmente durante la cuarta semana, el paciente se va recuperando poco a poco. Sin embargo, la tos de esta fase puede quedarse durante meses si las vías respiratorias se han irritado con la tos ferina.

Tratamiento

Habitualmente, la tos ferina, al tratarse de una enfermedad de origen bacteriano, se suele curar con antibióticos recetados por el médico, siendo el más usado la eritromicina.

Además, en ocasiones es necesario recurrir a un tratamiento con oxígeno para ayudar al paciente a volver a respirar con normalidad, hasta que el antibiótico dé resultados.

En todo caso, será el médico la persona adecuada para evaluar qué tipo de tratamiento se ha de seguir en cada paciente.




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