Tratamiento

Las principales pruebas para dar con el diagnóstico adecuado del granuloma inguinal y el posterior tratamiento son: el cultivo de muestras del tejido afectado, la biopsia y el raspado directo de la herida producida con la enfermedad.

A partir de ahí, el médico estudiará cada cuadro clínico en particular para prescribir el mejor tratamiento. Generalmente, los médicos acuden al uso de antibióticos para la erradicación del granuloma inguinal. Los antibióticos más usados son los basados en doxicilina, eritromicina o ciprofloxacina, ya que tras muchos estudios, se ha demostrado que son los más eficaces ante la bacteria ocasionante de la infección. En este caso, aunque a partir de la primera semana se pueden comenzar a ver los primeros resultados positivos, en la mayoría de los casos es necesario alargar el tratamiento hasta 3 semanas, para que las lesiones del paciente se curen por completo.

Aunque con el tratamiento correcto el enfermo de granuloma inguinal provocará una cura relativamente rápida, existen casos en los que se contemplan complicaciones serias, que pueden llegar ser incluso más importantes que la misma enfermedad. Entre estas complicaciones destacan: el daño crónico en los órganos sexuales del afectado, la decoloración progresiva de la piel genial y la inflamación crónica de los genitales producida por la cicatrización de la zona. Por todas estas consecuencias que acabamos de repasar es tan importante ponerse en las manos de un médico experto y, si nos encontramos entre los grupos de riesgo, estar atentos ante cualquiera de los síntomas que produce la donovanosis.

Una vez curado de la enfermedad, tanto el especialista como el paciente, deberán hacer un seguimiento extendido en el tiempo de la zona genital. De esta forma, si reaparecieran las lesiones, podrían ser tratadas rápida y eficazmente. De lo contrario, se dará por erradicada la enfermedad en el paciente y éste recuperar totalmente su calidad de vida anterior y podrá volver a tener una vida sexual normalizada.

Recordamos, que además del tratamiento médico y farmacológico, la prevención es una arma importantísima para eliminar la posibilidad, tanto de la infección, como del contagio a otras personas con las que practiquemos el sexo.




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