Displasia Broncopulmonar

Cuando hablamos de displasia broncopulmonar nos referimos a una enfermedad crónica pulmonar, que ataca a recién nacidos que nacieron prematuramente y cuyo sistema pulmonar no se ha desarrollado por completo o bebés que durante sus primeros días de vida estuvieron conectados a un respirador para recibir grandes cantidades de oxígeno. Éstas son las causas fundamentales de la enfermedad, pero también se puede desarrollar un caso de displasia broncopulmonar debido a una cardiopatía congénita o por una infección pulmonar grave.

Entre los principales síntomas destacan: la respiración rápida, la fatiga respiratoria, la tos persistente o la cianosis, término que se refiera a la coloración azulada de la piel.

Las principales pruebas a través de las cuales se puede hallar el diagnóstico certero son: una radiografía de tórax o una tomografía computarizada, una gasometría arterial y por último, la oximetría de pulso.

El principal tratamiento consiste en ayudar al bebé a suministrar oxígeno a sus pulmones, a través de un respirador, máscara o cánula nasal. Además, los bebés que sufran este tipo de displasia serán alimentados a través de una sonda nasogástrica, ya que necesitan un número importante de calorías para poder respirar.

Tras los primeros días de tratamiento en el hospital, los bebés se instalan en casa y aquí los padres deben seguir estrictamente una terapia extra de oxígeno durante varias semanas o incluso meses. En este caso será importante mantener el ambiente donde se halle el bebé lo más limpio posible. Además la higiene será fundamental para no desarrollar infecciones que empeoren la displasia.

Pese que hay niños que no superan esta enfermedad, podemos decir que el pronóstico es generalmente positivo, además de que el riesgo de padecer displasia broncopulmonar ha descendido en la última década.

Existen casos clínicos en los que los bebés pueden desarrollar complicaciones. En estos casos existe el peligro de desarrollar enfermedades respiratorias como la bronquilitis o la neumonía.

La prevención es fundamental, por lo que evitar en la medida en la que sea posible un nacimiento prematuro o evitar usar un respirador para el bebé, son las principales herramientas que evitan el desarrollo de esta enfermedad. En muchos casos es preferible usar un fármaco tensioactivo que ayude a abrir los pulmones del bebé.




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