Tratamiento para candidiasis

La candidiasis es una enfermedad micótica que deriva de una infección fúngica producida por cualquiera de las variedades de Candida. Las infecciones que provoca van desde las más leves, como una vaginitis que no pasa de producir cierto malestar e hinchazón, hasta otras más severas que pueden llegar a ser incluso mortales. Estas últimas suelen afectar a personas enfermas de cáncer, sida o personas operadas recientemente de un trasplante.

Los principales síntomas son picor excesivo, ardor, irritación y malestar en la zona afectada. Cuando la infección se produzca en los genitales masculinos, los signos más característicos son la aparición de manchas y llagas enrojecidas alrededor del prepucio.

El tratamiento de esta enfermedad es generalmente estándar y se basa en la conjunción de las siguientes medidas:

- La pronta detección de la infección a través de un diagnóstico válido.

- Establecer qué tipo de infección de candida es, ya que hay multitud de variedades.

- Determinación del estado de salud y factores determinantes que puedan ayudar a empeorar el estado del paciente.

- La administración de medicinas antifúngicas más adecuadas para el tipo de infección. Este tipo de medicamentos suelen ser el clotrimazol tópico, la nistatina tópica, el tioconazol, el butoconazo y por último, el ketoconazol tópico.

candidiasis

Las dosis de cada medicamento las deberá establecer un médico especializado y variarán según la virulencia de la infección y el estado del sistema inmune del afectado.

Para las personas infectadas por la Candida en la boca o lengua, lo más efectivo será la prescripción de un enjuague con dióxido de cloro.

Habitualmente el pronóstico de esta enfermedad es muy positivo siempre que se trate la infección con los medicamentos adecuados y se sigan unas pautas higiénicas concisas durante todo el tiempo que dure la enfermedad. De todos modos, hemos de decir que siempre existe la posibilidad de padecer posibles complicaciones como infecciones que se convierten en crónicas o infecciones secundarias que puede provocar que se agriete la zona afectada.

Por supuesto, la prevención es vital. Para ello se deben seguir estrictamente una serie de normas como: evitar llevar de forma persistente ropa húmeda en las zonas íntimas de nuestro cuerpo. Además, usar ropa interior de algodón, evitando llevar prendas sintéticas. Prestar mucha atención en los meses de verano de no permanecer demasiado tiempo con el bañador húmedo o mojado, entre otras. Si las seguimos con constancia estaremos evitando la posibilidad de padecer este tipo de infecciones.




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