Botox para las axilas

El Botox para las axilas es una técnica indolora, que disminuye la sudoración extrema y los problemas sociales que acarrea.

Entre las, cada vez más numerosas, aplicaciones del Botox existe un tratamiento médico-estético, que resulta muy útil para personas con problemas de exceso en el volumen de sudoración en las axilas.

La hiperhidrosis, o sudoración excesiva, afecta principalmente a axilas, manos y pies. En las primeras, la técnica es más simple que en los dos últimos casos. En apenas diez minutos y tras otros tantos pequeños pinchazos, el paciente puede disfrutar de una reducción, considerable, en el volumen de sudoración de las axilas.

El exceso de sudoración se debe al envío exagerado de estímulos, por parte del sistema nervioso simpático, a las glándulas sudoríparas. Si la hiperhidrosis en axilas es abundante, el trastorno puede acarrear graves problemas sociales para las personas afectadas. Por ello, cada vez más pacientes (hombres y mujeres) se deciden por este tipo de técnicas indoloras, rápidas y eficaces.

En algunos casos y antes de efectuar las infiltraciones de Botox, se aplican cremas anestésicas, que hacen más llevaderas las molestias de las agujas. No obstante, algunos médicos las desaconsejan, ya que al absorberse a través de la piel pueden desencadenar algunos efectos secundarios. Debe tenerse presente que el dolor de estos pinchazos es, prácticamente, imperceptible.

La administración de Botox en las axilas debe realizarse por parte de personal médico especializado. Esta regla debe aplicarse a rajatabla en el caso de infiltraciones en manos y pies, con el objeto de reducir la sudoración en esas partes del cuerpo. A diferencia de las axilas, en esas zonas de las extremidades deben realizarse bloqueos anestésicos, pues la presencia de músculos hace más complicada la intervención.

El Botox para las axilas es un tratamiento médico-estético de fácil y rápida administración. Un gran número de hombres y mujeres se decantan por este sistema, cuya molestia resulta tolerable y del que se derivan evidentes beneficios físicos y psicológicos.

El precio de cada sesión oscila entre los 500 y 700 euros. Los efectos de las infiltraciones de Bótox se prolongan durante ocho o nueve meses. Tras ese espacio de tiempo, es necesario inyectar una nueva dosis de toxina botulínica en las axilas. Paulatinamente, la duración de los beneficios irán aumentando con las nuevas inyecciones, ya que poseen efectos acumulativos. 

El Botox para las axilas apenas conlleva efectos secundarios. Puede aparecer una ligera disminución de la fuerza muscular en la zona tratada. Igualmente, pueden surgir pequeños hematomas en el área, que desaparecen en un par de días, o tres a lo máximo. Tras cada intervención, es aconsejable no cargar con peso, para evitar el movimiento de la toxina a lugares no deseados. Tampoco es conveniente realizar movimientos bruscos o masajear los puntos afectados.




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