Botox facial

El Botox facial ha demostrado su eficacia a la hora de combatir todo tipo de arrugas y líneas de expresión en el rostro.

 

El Botox es el nombre comercial que recibe la toxina botulínica. Ésta se genera a partir de la bacteria Costridium botulinum, generadora del botulismo. Es un tratamiento médico-estético, que actúa contra las arrugas del entrecejo, las del labio superior , las patas de gallo, etc. En definitiva, se trata de una técnica muy efectiva contra todo tipo de marcas de expresión en el rostro.

Las arrugas faciales se producen por la contracción repetida, miles de veces, de algunos músculos de la cara, al realizar siempre los mismos movimientos (gesticular, reír, llorar, hablar, cantar etc).  El Botox viene a atenuar ese tipo de marcas de expresión, así como a prevenir las que aún no se han definido (sobre todo en tratamientos administrados a personas de entre 30 y 40 años).

Con el Botox facial se trata, fundamentalmente, la frente, el cuello, el entrecejo y el contorno de los ojos. La toxina botulínica bloquea, de manera temporal, los impulsos nerviosos dirigidos a los músculos, logrando hacer desaparecer o atenuar las líneas de expresión y las arrugas.

El Botox es un medicamento, no un simple cosmético. Es importante tenerlo en cuenta, porque se recomienda que las infiltraciones de la toxina botulínica sean efectuadas por un especialista en cirugía estética. No obstante, la aplicación del Botox facial es muy simple y no precisa, en principio, ningún tipo de anestésico.

Las infiltraciones del Botox facial se realizan con agujas de muy pequeño tamaño. Cada sesión dura en torno a quince minutos. El paciente comienza a notar los efectos deseados en pocos días y éstos se prolongan durante tres o cuatro meses. Transcurrido ese espacio de tiempo, puede recibirse una nueva dosis.

La administración de Botox facial puede provocar leves efectos secundarios, tales como dolores de cabeza, síntomas similares a la gripe, malestar estomacal, párpados caídos etc. Una mala aplicación puede desembocar en algunas alteraciones y trastornos visuales, cuando se trata el contorno de los ojos. De ahí la importancia de acudir a profesionales médicos, a la hora de recibir el tratamiento.

Antes de tratarse con Bótox facial, es fundamental no ingerir alcohol ni ácido acetilsalicílico (aspirina).  Este tratamiento médico-estético está desaconsejado en las embarazadas, durante el período de lactancia y en pacientes con trastornos neuromusculares.

Tras las infiltraciones, es conveniente que el paciente se mantenga en posición erguida durante un par de horas. El objetivo es que el Botox se distribuya correctamente y no lo haga por zonas indeseadas. Tras tres o cuatro meses, puede procederse a una nueva sesión, que logrará que los efectos se prolonguen en el tiempo.



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