Tratamiento para la artritis

Cuando hablamos de artritis nos referimos a una patología de carácter degenerativo que afecta principalmente a las articulaciones del cuerpo, inflamándolas o desgastándolas. Esta enfermedad puede atacar a cualquier edad y su gravedad depende de lo desarrollada que se encuentre.

Existen diferentes tipos de artritis:

La Osteoartritis es una deformación que se produce por el deterioro de los cartílagos que se encuentran situados entre los huesos. Esta patología provoca que, poco a poco, la totalidad de estos cartílagos vayan desapareciendo, provocando que los huesos entren en contacto directo. Esto que produce una gran inflamación y un dolor severo en aquel que la padece. En el caso de este tipo de artritis, el mejor tratamiento estará centrado en fármacos analgésicos, como el Tylenol, que relativicen los molestos y dolorosos síntomas y ayuden a que la persona pueda volver a su vida con sus actividades habituales.

La Artritis reumatoide es un tipo más severo de artritis que el anterior. En este caso concreto, la enfermedad se amplía al resto del cuerpo del enfermo, y ya no tanto en áreas localizadas. Esta es una patología de carácter autoinmune, ya que es el propio organismo el que activa mecanismos para agredirse a sí mismo. En este caso, el tratamiento será mucho más intensivo que el prescrito en la Osteoartritis. La cura residirá en la toma continuada de corticoides, la prescripción de inyecciones de esteroides o de ácido hialurónico (más específicas para dolores en las rodillas), fármacos analgésicos antiinflamatorios, suplementos de glucosamina y terapias inmunodepresoras que palien los síntomas y controlen la evolución de la enfermedad. La administración de cada uno de estos tratamientos dependerá de la severidad de cada caso en particular.

Todos los tratamientos contra la artritis

Pese a que se trata de una enfermedad crónica que puede llegar a provocar la incapacidad de la persona que la padece, es cierto que diagnosticada a tiempo es muy posible el control de la evolución de la misma y la minimización de los síntomas más molestos.

Es evidente que la artritis no se puede tratar de un modo tan sencillo como la displasia, una enfermedad (ver más) que se presenta mucho más en recién nacidos. En casos como este, la displasia, a diferencia de la artritis, es posible corregir el defecto al aplicarse las soluciones en edades tempranas, cuando los huesos aun son moldeables.

El control de esta enfermedad por parte de un reumatólogo especializado será fundamental para que el paciente pueda mejorar y llegar a tener una buena calidad de vida.




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