Aplicación del Botox

Las aplicaciones del Botox se han multiplicado en los últimos años. Ahora, la toxina se emplea para solventar infinidad de patologías y problemas estéticos.

En la actualidad, la aplicación del Botox es muy amplia. La doctora canadiense, que en 1987 descubrió los efectos antiarrugas de la toxina botulínica, no imaginaba el gran potencial que esta sustancia adquiriría en el campo de la medicina estética.

Esta doctora buscaba solución a un problema de contracción del párpado de un paciente. Se asombró al comprobar la atenuación de las líneas de expresión perioculares y del entrecejo de la persona tratada. Se lo comentó a su marido (cirujano estético) y, tres años después, dieron a conocer al mundo el sorprendente descubrimiento.

Desde aquel momento, la toxina botulínica empezó a administrarse como tratamiento médico y estético. La atenuación de arrugas de expresión de la zona periocular, el entrecejo y la frente fueron las aplicaciones primigenias del Bótox.

Poco después, comenzó a emplearse el Botox para suprimir los pliegues del cuello. Las arrugas horizontales de esta zona comienzan a surgir a partir de los 35 años, aproximadamente. Como en la aplicación facial, se trata de inyectar pequeñas dosis de toxina botulínica en el músculo correspondiente. Así, se consigue la relajación de éste, la disminución de la contracción y la consecuente atenuación de las líneas de expresión.

La aplicación del Botox no ha parado y se ha extendido, posteriormente, a otras áreas del cuerpo, como los pómulos, la nariz y la mandíbula. Todos estos tratamientos logran mejorar, a veces de manera espectacular, la expresión de la cara del paciente.

El Botox corrige las líneas de expresión horizontales y laterales de la nariz. Logra modificar la punta nasal, al operar sobre el músculo depresor del tabique. También mejora el aleteo exagerado. Actuando sobre el músculo elevador del labio superior, se consigue eliminar la poco estética sonrisa gingival (la que muestra las encías).

La edad y la falta de tonicidad de la piel pueden desembocar en una pérdida de definición del ángulo de la mandíbula. Otra de las aplicaciones del Botox permite redefinir esta zona de la cara.

Una de las aplicaciones más revolucionarias del Botox es la administración de esta toxina para reducir el exceso de sudoración en axilas, manos y pies (hiperhidrosis). La reducción del sudor en un 70% en axilas y un 40% en plantas y palmas se logra debido al bloqueo de las fibras parasimpáticas de las glándulas sudoríparas. Últimamente, la toxina botulínica se está usando para combatir todo tipo de cicatrices en la piel.

Pero el Botox también posee aplicaciones estrictamente médicas. Por tanto, no es un tratamiento únicamente estético. Así, los resultados de la toxina han sido muy positivos en casos de estrabismo, espasmos musculares, tics nerviosos, migrañas etc.

Debe tenerse presente una idea: el Botox es un medicamento. Su administración ha de realizarse por personal médico especializado. En algunas aplicaciones (tratamientos en palmas de las manos y plantas de los pies) la intervención requiere anestésicos más complejos y es imprescindible que se lleve a cabo por cirujanos estéticos.

En 2004, la Agencia Española del Medicamento autorizó el uso del Bótox, obligando al personal médico a comunicar, al paciente, el objetivo, procedimiento, beneficios, duración e hipotéticos riesgos de su aplicación.




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