Tratamiento para la amigdalitis

La amigdalitis, más comúnmente conocida como anginas, es una patología que inflama una o ambas amígdalas que se encuentran localizadas en la garganta. Éstas tienen como principal función la de proteger al organismo frente a bacterias o gérmenes que intentan colarse por vía oral. De esta forma, son una herramienta fundamental para salvaguardarnos de posibles infecciones posteriores. Su tratamiento es importante para evitar sufrir el dolor tan molesto cada vez que tragamos saliba o comemos algún alimento.

Los principales síntomas de esta enfermedad son el dolor punzante de la garganta, el oído o la cabeza, además de la dificultad para tragar alimentos e incluso líquidos.

El aspecto físico de esta dolencia es encontrarnos frente a unas amígdalas que contienen numerosas placas blancas de pus y los ganglios notablemente hinchados.

El tratamiento generalmente está basado en antibióticos, que deben tomarse estrictamente los días que el médico lo prescriba, habitualmente unos 7 días. Si esta apreciación no se toma en cuenta y se corta la administración de antibióticos antes de la fecha estipulada, es muy posible que la inflamación vuelva a aparecer pasados unos días, incluso con mayor severidad.

Causas y síntomas de la amigdalitis

Además, el enfermo de anginas deberá seguir una serie de pautas que influenciarán muy positivamente en el resultado final del tratamiento. Las más importantes son:

-La ingesta de líquidos a temperatura ambiente o fríos, pero nunca calientes.

-Hacer gárgaras con una solución específica o con un vaso de agua con sal o agua oxigenada rebajada con agua.

-La administración de analgésicos como el paracetamol o antiinflamatorios como el ibuprofeno.

Dentro de que existen casos en los que no es necesario un tratamiento específico, por la levedad de la enfermedad, existen otros casos en los que el médico ve necesario incluso la extirpación de las amígdalas para erradicar la infección.

El futuro del tratamiento es muy bueno, de hecho, lo enfermos de anginas mejoran a los tres días desde el inicio de la toma de antibióticos.

Debemos decir, que en un pequeño número de casos pueden existir complicaciones en la curación como el atasco en las vías respiratorias, la deshidratación del paciente a causa de la imposibilidad de ingerir alimentos y líquidos, la aparición de fiebre reumática o la posibilidad del desarrollo de enfermedades cardiacas.




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